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Discurso del Embajador Karsten Warnecke en el Día de la Unidad Alemana 2026
Embajador Karsten Warnecke brindando con su esposa Lavinia Thanapathy durante la celebracón en el Día de la Unidad Alemana 2026 © Embajada Alemana Managua
Estimadas amigas y amigos,
estimados colegas,
distinguidos miembros del cuerpo diplomático,
señoras y señores,
«Ich bin ein Berliner» - Soy berlinés, dijo en una ocasión el presidente Kennedy. Esta noche pronuncio estas palabras por una razón muy personal. Nací en Berlín. He pasado gran parte de mi vida allí. Y Berlín me ha marcado de una manera que está indisolublemente ligada a la historia de la Alemania moderna.
Por eso, les invito a que echen un vistazo por un momento a esta sala. Podrán ver algunos de los edificios que caracterizan el perfil urbano de Berlín y, a mis espaldas, la Puerta de Brandeburgo, símbolo de Berlín y de la unidad alemana.
Durante toda mi infancia, solo pude ver esa puerta desde detrás del Muro de Berlín. Cuando, ya de adulto, pude tocarla por primera vez, fue un momento extraordinariamente emotivo. Y, sin embargo, mis propios hijos han podido atravesar libremente esa misma puerta durante todas sus vidas. Esta diferencia entre una generación y la siguiente es quizás el indicador más claro de lo que la historia puede lograr.
Nací cuando se construyó el Muro de Berlín hace 65 años. Crecí en una Berlín que estaba dividida durante 28 años. Pero también en una Berlín que se convirtió en un bastión de la libertad. Y, finalmente, en una Berlín que se convirtió en la capital de una Alemania unida. La unidad no significa borrar el pasado. Significa velar por que el pasado no sea el único que determine nuestro futuro.
Señoras y señores,
«Unidad, justicia y libertad». Esas son las primeras palabras del himno nacional alemán. Fueron escritas hace casi 200 años, en el año 1841. Y hace 36 años, el 3 de octubre de 1990, estas palabras adquirieron un nuevo significado cuando la reunificación alemana se hizo realidad. Los ciudadanos de Alemania Oriental recuperaron su libertad y, mediante elecciones libres, que expresan la soberanía del pueblo, eligieron el camino que les condujo a la República Federal de Alemania. Y Berlín — la ciudad que durante 28 años estuvo dividida por muros y alambre de púas— volvió a convertirse en la capital de una Alemania unida.
La generación de mis padres reconstruyó Berlín a partir de los escombros de la Segunda Guerra Mundial. No se limitaron a restaurar una ciudad. Construyeron su futuro. Muchas personas mayores aquí en Managua pueden comprenderlo. Tras el terremoto de 1972, Managua también tuvo que reconstruirse. Berlín y Managua son, por supuesto, ciudades muy diferentes. Sin embargo, a nuestros pueblos les une algo importante: la resiliencia basada en la esperanza. Sabemos lo que significa contemplar los escombros y decir: «Volveremos a reconstruir». Porque la historia no se reduce únicamente a lo que nos sucede. También se trata de lo que queremos construir a partir de ahí.
Y eso es precisamente lo que celebramos esta noche. No se trata simplemente de la reunificación de un país, sino de la posibilidad de que una división o una situación que en su día pareció permanente pueda llegar a su fin. De que la libertad pueda recuperarse y, una vez recuperada, pueda transmitirse de una generación a la siguiente. Y lo que parece imposible en una generación pueda convertirse en algo natural en la siguiente. Nada dura para siempre. Todo muro acaba cayendo en algún momento. Lo que cuenta es lo que construimos en su lugar.
Hoy, Berlín vuelve a ser una ciudad vibrante en el corazón de Europa. Hoy es una ciudad de extraordinaria diversidad y energía: un centro de arte y diseño, un polo de atracción para turistas, jóvenes emprendedores y start-ups y, por supuesto, la capital europea de la música tecno.
Y hay otro vínculo más entre Berlín y Nicaragua que me parece especialmente notable: el muralismo. Si hoy pasea por Berlín, verá grafitis y murales por todas partes. De hecho, uno de los murales berlineses narra una historia nicaragüense. En 1985, el artista nicaragüense Manuel García Moia pintó un mural que representa a Monimbó —su localidad natal en Masaya— y la violencia que sufrió ésta en 1978. Llevaba consigo un recuerdo de Nicaragua y lo plasmó en un muro berlinés. Y, décadas más tarde, este muro sigue hablando. Y es que el arte posee un poder extraordinario: puede transmitir una historia más allá de la persona que la contó originalmente.
La Embajada de Alemania tuvo la suerte de descubrir en FUNARTE a un maravilloso grupo de jóvenes artistas nicaragüenses que continúan esta tradición de la pintura muralista. Esta noche podrán ver aquí un ejemplo de su trabajo. Quisiera dar las gracias a estos jóvenes artistas por la creación de esta obra, la cual me recuerda algo importante: la libertad no es solo algo que conmemoramos. La libertad es algo que imaginamos, expresamos, protegemos y transmitimos.
Señoras y señores,
el año que viene celebraremos el 75.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre Alemania y Nicaragua. Sin embargo, la Embajada de Alemania no está aquí solo para las celebraciones y para mantener los canales de comunicación diplomáticos. También estamos aquí para servir a la comunidad alemana, compuesta por unos 1.000 ciudadanos. Para apoyar a las instituciones, organizaciones y empresas alemanas.
Y para contribuir, mediante la cooperación, al bienestar y al desarrollo de la población nicaragüense. Esta cooperación adopta muchas formas: desde proyectos de cooperación al desarrollo para el saneamiento y el agua potable, la educación inclusiva y el empoderamiento económico de las mujeres, pasando por iniciativas de formación cultural y cívica, hasta la financiación de proyectos a gran escala por parte del Banco Alemán de Desarrollo, la ayuda humanitaria y los numerosos hermanamientos entre ciudades.
Una de las instituciones más visibles y con mayor tradición que une a nuestros dos países es el Colegio Alemán Nicaragüense de Managua. Me complace enormemente dar la bienvenida a Managua a su nuevo director, el Dr. Winfried Spanaus, le deseo mucho éxito en este importante cargo. Y me alegra poder comunicarles que el Colegio Alemán Nicaragüense de Managua dará continuidad a las celebraciones alemanas con su Oktoberfest anual el sábado 17 de octubre, el viernes 27 de noviembre, celebrará su tradicional mercado navideño. Por lo tanto, esta noche no supone el final de las celebraciones en honor a Alemania, sino recién el inicio.
Señoras y señores,
llevo más de 35 años como diplomático de carrera y me encuentro en mi último destino. He tenido el privilegio de servir a Alemania en embajadas y consulados de todo el mundo. Y todos los diplomáticos presentes en esta sala saben que una carrera diplomática no es un viaje en solitario. Es también un viaje de toda la familia. Por eso, esta noche quiero dar las gracias muy especialmente a mi esposa, Lavinia, a quien me gustaría invitar a subir conmigo al escenario. Mi reconocimiento también a todas y todos los cónyuges de los diplomáticos aquí presentes. ¡Muchas gracias por todo!
Aprovecho esta ocasión para dar las gracias a mis colaboradoras y colaboradores, que han organizado el evento de esta noche: en especial a Grace, Gaby, Nanna, Nicoletta, Willem, Stefan, Jörg, Willi, y al equipo de Lenin y Jarenton.
Como quizá hayan escuchado, esta noche decidí cantar de verdad. No solo el himno nacional alemán, sino también el nicaragüense. Quiero dar las gracias al Dr. Neviton Barros, un músico, director de orquesta y profesor de canto excepcional, por haber aceptado el insólito encargo de preparar a un embajador alemán para este reto tan especial.
He comenzado esta velada con las primeras palabras del himno nacional alemán: «Unidad, justicia y libertad». Y me gustaría concluir con las siguientes palabras del himno nacional nicaragüense: «Brille hermosa la paz en tu cielo, que nada empañe tu gloria inmortal». Son palabras y aspiraciones maravillosas de esperanza y de resiliencia.
Esta noche celebramos una Alemania unida. Pero lo celebramos aquí, en Nicaragua. Y eso confiere a esta velada un significado muy especial. La diplomacia, en su mejor forma, no solo significa que los Gobiernos dialoguen entre sí. Se trata de que las personas descubran lo que las une y de que, en realidad, tienen más cosas en común que diferencias. Se trata de tender puentes donde antes había barreras. Y, sobre todo, se trata de esperanza: de la fe en que el futuro será más abierto, más justo y más pacífico que el pasado. Y eso es precisamente lo que espero: que Alemania y Nicaragua construyan juntas en el futuro.
¡Muchas gracias y que tengan una velada maravillosa!
¡Viva la amistad entre el pueblo alemán y el pueblo nicaragüense!
¡Viva Alemania!
¡Viva Nicaragua!